En todas las esferas de la sociedad actual han ocurrido profundas transformaciones, en las que el papel central lo ocupa el conocimiento, considerado la materia prima de mayor valor, la que da unidad a la información, que traspasa todas las esferas en lo personal y social, asi como condicionan y determinan el futuro de la humanidad.
Se reconoce a esta sociedad como la sociedad del conocimiento y la información, donde el aprendizaje permanente es el signo característico y la habilidad más valorada es la de “aprender”. Las industrias dinámicas son aquellas asociadas a procesos de tipo intelectual como la robótica, la informática, la biotecnología, la ingeniería genética, la micro eléctrica, la industria espacial, la de nuevos materiales, entre otras.
El rasgo central de esta nueva organización social consiste en que el conocimiento y la información estarían reemplazando a los recursos naturales, a la fuerza y/o al dinero, como variables clave de la generación y distribución del poder en la sociedad.
Los efectos sociales de estos nuevos patrones de organización social y económica han sido la producción simultánea de fenómenos de más igualdad y de más desigualdad, de mayor homogeneidad y de mayor diferenciación.
América Latina no ha logrado una inserción favorable en la globalización; muy por el contrario la región muestra profundos desajustes y déficit que afectan la calidad de vida de las grandes mayorías.
Se ha producido un significativo aumento de la desigualdad social a causa de la transformación en la organización del trabajo y de la exclusión de vastos sectores en la participación del ciclo productivo.
Las desigualdades son notorias en todos los ámbitos: como ejemplo tenemos que 90% de la población vive en países donde sólo reside el 5% de los científicos del mundo; que sólo 16% de la población mundial tiene acceso a Internet.
El 20% de la población más rica del mundo, consume el 80% de la producción total, mientras que un 80% sobrevive con apenas el 20% de esa producción.
En América Latina el 44% de la población se encuentra en condición de pobreza y un 40% de esta población se cataloga como indigentes.
El principal activo en este contexto es el capital intelectual, para cuya formación se requiere de sistemas educativos que ofrezcan servicios de calidad y que aseguren a la población tener acceso y participación plena en los diferentes ámbitos de la sociedad.
“Si se carece de instituciones de educación superior e investigación adecuadas que formen una masa crítica de personas cualificadas y cultas, ningún país podrá garantizar un auténtico desarrollo endógeno y sostenible; en particular, no podrán acortar la distancia que los separa de los países desarrollados industrializados”
Declaración Mundial sobre la Educación Superior. París, 1998
Entre los retos o desafíos que debe enfrentar el curriculum universitario para recuperar e intensificar su relación con la sociedad, ante los rasgos de la crisis estructural actual se encuentran:
• incorporar seriamente, de manera documentada, posicional y estructural, el tratamiento de la pobreza en nuestra sociedad y en el mundo.
• ayudar en los procesos comprensivos de la formación, incorporando prácticas profesionales desde el inicio de los estudios. El contacto temprano con la realidad del quehacer profesional posibilita el reconocimiento y visualización de temas y problemas del campo de que se trate.
• incorporar al currículo, prácticas profesionales solidarias, enmarcadas en fines éticos que generan un beneficio concreto a la sociedad, por el valor de estas experiencias en la formación ciudadana de los jóvenes.
Alicia de Alba: “Crisis y curriculum universitario: horizontes posmodernos y utópicos”, 2000
Edith Litwin “Curriculum universitario. Debates y perspectivas”, 2006